Picasso

Aquí estoy, resumida, contenida, breve, que no exacta; imprecisa, rodeándome ampulosa e inútilmente con madejas vencidas de cabello humedecido en tinta indeleble, envuelta en disertaciones bizcas, huída en alientos fríos de sentires congelados. Me rodean lánguidos escalofríos, espantapájaros que asustan leves presunciones de musas indulgentes.
Habito un conciliábulo errante, carpa desgastada que alberga veredictos postergados en burocracias íntimas, juicios demorados por cambios de jurisdicción, cual dóciles médanos a voluntad del viento.
Eludo y olvido. Amago con desaparecer pero no se cómo. Levito en hipótesis perecederas que me hacen ver estrellas arriba y abajo al despertarme el frío cemento; si alguna vez lo consiguiera fresco y la amnesia viniera más tarde… podría dejar testimonio formal de mis experimentos en lengua materna, estampar el llanto fugaz de una estrella igual de breve, traducir lo que me dijo Orión, apoyó Neptuno y rebatió la Luna, mujer al fin; pintar la sonrisa disimulada de Marte cuando algún artefacto le hace cosquillas al recorrer su vasto territorio escarpado esperando ver con ojos inapropiados lo que solo se puede ver con el tercero, reproducir la nota exacta que se produce cuando un abrazo se aferra a una espalda, graficar el beso urgente, ya de bienvenida, ya de despedida, paso de testigo que se dan las estaciones en los equinoccios, señores del clima puntual; grabar el sonido satisfecho de una barriguita cuando se sacia el hambre injusta, documentar el legendario escarceo de la Mar camaleona con el tácito Cielo cual asíntotas castigadas que irán a juntarse sólo en la eternidad.
Un cornetazo grosero extingue el devaneo profundo en el que me sumerjo cual éxtasis religioso, ya sea improvisado o a mi antojo, que más sabe el diablo por viejo… Un sorprendido fiscal de tránsito hace el levantamiento de una accidentada mujer que esta vez cayó sobre un carro del año, nunca se ha procurado seguro, y siempre, redondeando a mayor, sale perdiendo.
Habito un conciliábulo errante, carpa desgastada que alberga veredictos postergados en burocracias íntimas, juicios demorados por cambios de jurisdicción, cual dóciles médanos a voluntad del viento.
Eludo y olvido. Amago con desaparecer pero no se cómo. Levito en hipótesis perecederas que me hacen ver estrellas arriba y abajo al despertarme el frío cemento; si alguna vez lo consiguiera fresco y la amnesia viniera más tarde… podría dejar testimonio formal de mis experimentos en lengua materna, estampar el llanto fugaz de una estrella igual de breve, traducir lo que me dijo Orión, apoyó Neptuno y rebatió la Luna, mujer al fin; pintar la sonrisa disimulada de Marte cuando algún artefacto le hace cosquillas al recorrer su vasto territorio escarpado esperando ver con ojos inapropiados lo que solo se puede ver con el tercero, reproducir la nota exacta que se produce cuando un abrazo se aferra a una espalda, graficar el beso urgente, ya de bienvenida, ya de despedida, paso de testigo que se dan las estaciones en los equinoccios, señores del clima puntual; grabar el sonido satisfecho de una barriguita cuando se sacia el hambre injusta, documentar el legendario escarceo de la Mar camaleona con el tácito Cielo cual asíntotas castigadas que irán a juntarse sólo en la eternidad.
Un cornetazo grosero extingue el devaneo profundo en el que me sumerjo cual éxtasis religioso, ya sea improvisado o a mi antojo, que más sabe el diablo por viejo… Un sorprendido fiscal de tránsito hace el levantamiento de una accidentada mujer que esta vez cayó sobre un carro del año, nunca se ha procurado seguro, y siempre, redondeando a mayor, sale perdiendo.






